Erasé una vez un  duende, un duende de jardín ,ncargado de vigilar  y cuidar las rosas del amor. Él, conocía, o creía conocer,muy bien estas flores,: conocía a la perfección su olor, su distinguida belleza, su persuasión y lo atractivas e inofensivas que pueden llegar a ser si no las cortas para llevarlas a tu cabaña ...pero, un día, este duendecillo,jugó con la flor que no debía y se metió en un lio, quizás el más grande de su vida, porque de repente, sin saber por qué, se encaprichó de una misteriosa flor y, abocado a la sinrazón,quiso cortarla y quedarsela para siempre. Cuando quiso arrancarla, las espinas hicieron su trabajo, le pincharon e inevitablemente ,¡pum!, se enamoró y toda su vida quedó desoedenada. Fue por ello que el habitante del bosque se vio obligado a conocer muy de cerca las espinas que siempre había ignorado, la herida que hacen cuando atacan y las gotas en forma de lágrimas de sangre que producen...

Erasé un duende que creía ser muy listo, erasé un duende que pensó que podía dominar los jardines a su antojo y jugar alrededor de las flores sin que ninguna de ellas dañara su cuerpo y su, hasta entonces, inmune corazón.

Pero el despiste y la golosa osadía firmaron un pacto con la rosa más bonita del jardín y un día cualquiera de un año cualquiera nuestro travieso protagonista cayó en la trampa que habían urdido entre los tres y  se pinchó...

Cuando las rosas del enamoramiento te pinchan estás perdido, el veneno de la hermosa y evocadora flor ya está dentro, no hay posibilidad de extraer rápidamente el veneno y escupirlo para que no se deslice por el resto de tu cuerpo y cuando te quieres dar cuenta el tósigo ya habita en tí.

Yo, como Alvarito, que así se llama el duende, siempre creí que era inmune al veneno de rosa, al veneno de amor...yo siempre he creído tantas cosas...Para quien no lo sepa, contaré que el veneno del amor provoca alucinaciones, más que alucinaciones yo diría ilusiones, ilusiones que endulzan, ilusiones que lloras e ilusiones que no sabes ni lo que son porque te confunden, te roban el sentido y te expolian el sueño. La ponzoña floral amorosa, además de lo anterior, también  coloca, como colocan las copas muy cargadas y ciega como ciega mirar al sol sin gafas  con los ojos muy abiertos y, por si fuera poco, mientras estás envenenado el miedo se instala en tu cuerpo y empieza a fabricarse su residencia sin pedir permiso a la vez que la inseguridad se hace tu mejor amiga y vecina de confianza... No sé muy bienlo que me durará esta borrachera pero  mientras busco el antídoto y padezco sus efectos vivo en un sin vivir.

 Si esta pócima que mi cuerpo y mente han bebido sin querer no me mata os lo haré saber y como seré más fuerte volveré a mirar las rosas como lo hacía antes, poquito a poquito con cariño y con respeto, acariciando sus pétalos y sin tocar las espinas.

Y, por último pero no por ello menos importante, si alguien se encuentra algún día un risueño duende  en su jardín abrazado a una flor que me lo haga saber porque eso querrá decir que Alvarito, aunque envenenado, vive feliz en una eterna primavera.