un fantasma
Te diriges al trabajo como un lunes cualquiera y, de repente, como por arte de magia, blanca o negra, según se mire, sucede algo que te hace entrar en catarsis.
Como un lunes cualquiera, te levantas, bajas al perro, desayunas, te duchas, te vistes, te perfumas, bebes agua, cierras la puerta de casa, coges el ascensor, sales del portal, cruzas la calle, bajas la escalera e introduces el metrobus por la ranura de la entrada que da acceso a la estación de metro; subes a tu tren, y abres tu libro. "Por fin un ratito de paz", piensas.
En un momento de descanso de la lectura, miras a tu alrededor y el estomago se te encoge, empiezas a sudar y tienes la tentanción de chillar aterrorizado: "!Un fantasma!",
Un hombre I-GU-AL que tu abuelo fallecido hace cinco años está de pie a tu lado sujetando una barra para no caerse. Tras el primer momento de pánico, emoción y shock, compruebas que, evidentemente, NO ES TU ABUELO pero el parecido es asombroso. Con una sonrisa nerviosa le ofreces tu asiento y él te lo agradece y se ríe al ver que te acomodas en el suelo y sigues leyendo.
"¿No te caerás, no?", te dice
"A mí me da igual, caballero, no se preocupe", le contestas.
Cuatro paradas más tarde, "tu abuelo" se levanta y se despide dándote las gracias, tu le tiendes la mano y le susurras "hasta luego". Ese hasta luego, será el que nunca le pude dar a mi abuelo real...
Durante el trayecto posterior, esta vez en autobús, no puedes parar de llorar, te tienta el llamar a mamá pero no lo haces. A cambio coges papel y boli y te lo cuento a ti y me lo cuento a mí.
Ya he llegado a trabajar, las lágrimas para cuando estés sola que diría aquella.
Ahora te ríes, empieza el desfile.


Marivipsuperstar dijo
¡Gracias por contármelo!
30 Agosto 2009 | 06:06 PM