DOÑA CONCHA...
Un conocido restaurante de la ciudad del mar, una maravillosa pulsera colocada en la piel que habito y una señora con gafas de sol sentada en una esquina de la barra del restaurante que visito…
La señora me mira, le sonrío cómplice y una vez iniciada la conversación me repite hasta sonrojarme, ardua tarea, lo guapo que soy y lo bien que me sienta el abalorio que yo luzco y que, cortesmente, me quito y le dejo probarse. Mientras se la abrocho es cuando me quedo perplejo al decirme ella tranquilamente: “Siempre me han enamorado los géminis…”. Yo callo nervioso, y sigo bebiendo de mi coca-cola light.
"Yo soy muy antigua pero no se por qué, me gustan el pelo largo y los adornos en los hombres...", dice bajito y tranquila...
Tenía mucho que más que contarme, Doña Concha:
Doña Concha supo que yo era géminis nada más verme entrar, doña Concha se crió en residencias suizas y conoció a Antonio, “el bailarín”, en la época en la que “Marbella era Marbella”. Doña Concha parió cinco hijos y “ya sólo me vive uno que no me quiere...”. Doña Concha es dueña de una de las casas más bonitas de Málaga, su marido está ingresado en una clínica porque “está muerto en vida y ha perdido la cabeza…”, Doña Concha siempre ha amado a su esposo y ”le sigo amando”…
Yo le recuerdo a Doña Concha a su hijo preferido que era “el hijo que toda madre quiere tener, el hijo que bailaba flamenco como un Dios porque lo aprendió a bailar en Sevilla con la Duquesa de Alba y era el mejor amigo que he tenido pero,desgraciadamente, El Señor lo llamó muy pronto”. Me dice, mi amiga, que no me preocupe por lo cariñosa que es conmigo porque podría ser mi abuela y el flechazo que ha sentido al conocerme se debe a "la energía de las almas…"
Doña Concha me ha prestado sus confidencias sin habérselas solicitado, me ha acariciado el pelo y me ha regalado un cupón de lotería que acaba en 5…
“No se por qué pero te quiero mucho muchacho, no pierdas nunca la fé en Dios, yo la sigo teniendo, a pesar de mis sufrimientos y de que, ya, sólo me queda dinero…”
“No la perderé, Doña Concha…”,concluyo.
Y tras 2 protocolarios pero sentidos besos, salió por la puerta del restaurante a seguir viviendo su vida impuesta de señora.



Sísifo dijo
No pierdas la fe... ¿la fe en qué?
Parece que doña Concha no conserva fe en muchas cosas.
Conozco mujeres como doña Concha, de esas que sienten que la vida que han vivido no fue como les hubiera gustado. Lo peor es que, al mismo tiempo, saben que su vida fue como ellas la diseñaron. Son mujeres que se arrepienten de haber vivido.
Tal vez se refería a la fe en tí mismo.
1 Octubre 2008 | 09:50 PM